Estamos a tan solo unos días de terminar el año. Para muchas personas estos últimos días se convierten en días de reflexión sobre lo acontecido y planeación sobre lo que viene; yo no soy ninguna excepción, aunque más bien lo tomo como un pequeño escalón para mi año nuevo personal (el día de mi cumpleaños).
2012 fue intenso, no hay otra forma de describirlo. Sin temor a equivocarme puedo decir que hubo más cambios en mi vida que en los últimos 23 años. También puedo decir que, como debe ser, crecí muchísimo.
El primero y, quizá, el más importante de mis logros fue mi crecimiento laboral. A principios de año trabajaba en un lugar que odiaba y para nadie era secreto que contaba los días para terminar ese compromiso. Finalmente lo deje, me di un tiempo y me dedique a disfrutar de mi tiempo libre. Sin embargo el universo tenia planeadas cosas muy buenas para mi. Más por suerte que por una planeación extensa me inscribí a un proceso de selección en Unilever. Pasaron casi 3 meses desde el momento de mi inscripción al día en que recibí la increíble noticia de que había sido seleccionado para trabajar en una de las empresas más grandes a nivel mundial. Desde ese entonces hasta hoy no ha habido un día en que no agradezca la suerte de estar en el lugar y momento indicado para poder trabajar en un lugar tan increíble; los detalles pueden estar de más, pero lo más importante es que me ha hecho ser mejor persona y me hace inmensamente feliz.
Hace poco más de 4 años regrese a vivir al DF, empezando lo que hoy se ha terminado. Desde el 2008 viví en mi amada facultad, la cual aprendí a querer más bien al final de la carrera. Esa maña que siempre he tenido de perderme en los demás evito que viviera muchas cosas que podrían considerarse "de universitario". Nunca fume mota en las islas, jamás me puse pedo en CU, no tengo un circulo cercano de amigos de la facultad ni llegue crudo a presentar un examen; sin embargo me enamore, conocí gente infinitamente interesante y la universidad me acogió en absolutamente todos mis momentos tristes o felices. Hoy veo hacia atrás y extraño correr por las mañanas para llegar a clase de 7 o pasar noches en vela para entregar un trabajo final. Le debo mucho a la UNAM y tengo el firme propósito de retribuirlo en tantas formas como me sea posible.
También, como ha sido durante casi dos años y medio, la constante de mi vida se llamo Juan. Nuestra relación es como la marea, nos alejamos y acercamos inevitablemente y de forma un tanto predecible. Nunca he entendido bien cómo funcionamos, sin embargo tuvimos momentos que recordaré por siempre. Son esas cosas del amor que solo un ser iluminado puede explicar.
2012 fue un año intenso. Me quedo con lo bueno y aprendo de lo malo. Gracias a todos los que son y están, los que fueron y los que vendrán. Gracias a Dios por un año más de vida!
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