Seguramente han oído hablar de esto: la "teoría de los seis grados de separación" nos dice que podemos estar conectados a cualquier persona del mundo por no más de 5 intermediarios. Dicho sea en términos prácticos, el mundo es un pañuelo. Si lo hacemos aún más específico, estoy seguro que el "mundo gay" (lo que sea que signifique eso) debe reducir esto a la mitad...
Entre mis muchas actividades, los lunes juego a ser adjunto en mi facultad. Hoy llegue especialmente temprano y no tenia nada por hacer, así que hice lo que cualquier persona normal haría: FACEBOOKEAR. Iba de aquí para allá, leyendo las usuales banalidades y frases catárticas que se publican en dicha red social, cuando de repente, en esa diabólica barra lateral chismosa, leí lo siguiente: "Fulanito de tal curtio a foto de menganito de tal" (uso FB en portugués, por si no entendieron "a fulanito le gusto la foto de menganito"). De entre todos los post existentes en el universo tenía que darle click a ese. Yo no tenía idea de quien era menganito de tal, ni había algo en su nombre que lo hiciera especialmente llamativo... pero vi la foto. Era Juan acompañado del que, presumo, es su nuevo amor.
Silencio....
De inmediato corrió por mi cuerpo la sensación más extraña que haya tenido jamás: sentí la cabeza caliente, un hueco en el estomago, la boca seca... estoy seguro de que si hubiera estado de pie se me habrían doblado las piernas. Mi YO racional se apresuro a decir "ya lo superaste, te debería dar gusto por él, es 100% su tipo" y demás ideas que solo me servirían como consuelo en un universo perfecto y paralelo.
¿Por qué me sentí así? Una vez más mi YO racional se apresuro a sacar conclusiones: "lo amaste mucho, es normal", "es tu ego, revolcándose de dolor" "no te preparaste para este momento" y, de nuevo, solo vinieron lugares comunes a mi cabeza.
Fueron 5 segundos que cambiaron mi día. Cerré la ventana del explorador y salí al pasillo a tomar aire. Tenía miedo. Miedo de haber descubierto que, contrario a lo que pensaba, la herida no había cerrado y todavía estaba enamorado de Juan. Pensé en todo lo que había pasado, en el motivo de la separación y -más que nada- pensé en Fer. ¿Le estaba fallando? ¿Me había precipitado, cegado por la sobredosis de dopamina?
Entonces ocurrió algo más, de esas cosas que no pueden ser otra cosa que señales del universo.En el pasillo escuche una canción que se hizo muy familiar el día de hoy. La había escuchado por la mañana, en el stereo del vecino con el que me voy al trabajo... luego la escuche caminando sobre Paseo de los Tamarindos, en mi usual caminata después de la comida... y finalmente ahí, en ese momento, cuando más necesitaba una respuesta. La canción era "Crimen" de Gustavo Cerati.
Olvido o morir, eso.
Olvido o morir, eso.
El universo tiene extrañas formas de respondernos. Solo hay que estar atentos y saber escuchar.
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